jueves, octubre 26, 2006

Las puertas figurativas y los gallos circunstanciales.

Por la hendidura de una puerta, a modo de puerta, como una mínima puerta en una puerta labrada a modo de puerta tan pequeña que solo un gato cabría por ella, sale un gato con forma de gato que sale por una puerta abierta para que salga un gato que tenga forma de gato que sale por una pequeña puerta hendida en una puerta abierta.
Un hombre que se ha levantado con el canto del gallo se asoma a la ventana y ve salir por una pequeña puerta en una puerta labrada, un gato con forma de gato que sale por una puerta de gato en una puerta labrada.
Anonadado, se vuelve a meter en la cama a soñar con un gallo que subido a una valla canta con voz de gallo cuando se levanta por la mañana y despierta a un hombre que sale a la ventana y descubre asombrado como un gato puede tener forma de puerta.

miércoles, octubre 25, 2006

López, un relato no póstumo.

En una oficina, unos hombres quieren hacer una apuesta pero nadie tiene dinero y pactan arriesgar lo más valioso que para cada uno fuera.
Lopez apostó el jersey de pelo de llama andina, que había tejido su abuela y que calentaba más que un abrigo de pieles.
Gomez en su turno y con una mano temblorosa coloca su triciclo a motor delicadamente sobre la mesa mientras una gotita humedece una de las tres rueditas.
Pérez se levantó la pernera izquierda, desprendió los broches de cuero y se desencajó la pantorrilla colocándola junto al pedal del triciclo, se sujetó a la esquina de la mesa y se volvió a bajar la pernera vacía.
Sánchez, que a estas alturas del envite solo rascaba nerviosamente pelusa en un bolsillo, se hudió la mano bajo el esternón, cercenó su corazón con los dedos y latiente lo depositó sobre el jersey de lana de llama andina asegurando que era un buen corazón, un corazón amante, un corazón henchido de alegría, un corazón conformista, un corazón pinturero, un corazón de batalla, de campo, cama y playa, gentil, bucólico y retórico, de pana, raso y armiño que para según la ocasión, cambiaba de armazón, de idea o principios.
Y dicho esto, se quedó mirando al infinito, que no se sabía donde estaba, pero parecía buscarlo en una pared con los labios resecos como si nunca, para hablar los hubiera despegado.
El dueño del triciclo a motor ganó la apuesta. Se pegó el número uno en la espalda del jersey de lana de llama andina, agarró la pierna ortopédica a modo de stick y aplastó el corazón con el tacón para que adoptara una forma de bola.
A López se le ponen los pezones duros de tanto estar al aire, Pérez encaramado a la mesa parece un guiñol al que no le han metido la mano y Sánchez un poco lívido animan a Gómez como si estubieran en un partido.
Agarra la ortopedia por la rodilla, golpea con la parte interna del pie y lanza el corazón entre las patas de la mesa marcando un golazo que todos aplauden y gritan. El corazón rebota contra un archivador y sale disparado por la ventana entre los vítores de los oficinistas, incluído los del señor Sánchez que ahora era un desalmado más.

domingo, octubre 22, 2006

Sobre el discurso pretendidamente circunspecto.



Es lo que tienen los discursos, que son de aspecto “circunferencia”. Y este, en cualquier caso, también es un círculo.
(Rima omitida).
Aparentemente e independientemente de la longitud de su radio, es orondo, como cualquier círculo, no tiene principio ni fin, y además está vacío por dentro. Este, es un discurso completamente inútil y retrasado, así que, a pesar de sus ínfulas funambulescas y fulanos carmines, no pretende apenas nada, más que leerse así mismo y chapotear en su vanidad encubierta.
Es un discurso cocinero, que amasa, estofa y marina estrofas de alguna lengua oída en toboganes, de charcuteros, hojalateros y golondrinas.
Es un discurso tintorero, limpia y almidona puños, mangas, braguetas y cuellos, sin sentir gloria ni pena ni afán de ir al cielo.
Es un discurso, como se puede observar, poético, de ficción, maniático, de verdad, no se sabe ni se pregunta si comer o garchar. Es todo a la vez, es lo que usted prefiera tomar.

¿Un chorizo, una tortilla? Lo sentimos, aquí solo hay malentendidos y quíntuples sentidos.
Lo que hay sobre todo, son círculos.
Muchos círculos, círculos a cántaros, círculos cometidos con sombreritos y sombrillas, que pasean de la mano por desagües y alcantarillas.

Es lo que parece este discurso pretendidamente circunspecto, no hay nada que entender, es amorfo de aspecto y además, es feo.


Nota al pie:

Querido pie: Hoy me has andado muy bien, y el callo...

Aplíquese esto a todos los discursos póstumos que han sido cedidos por la fundación "Paralíticos Juveniles María Cristina".
Son todos iguales.