Las historias y sus respectivos personajes viven en Verdad.
En Verdad, trabajan muy duro para que nosotros tengamos nuestros cuentos como recién hechos.
En Verdad, nunca duermen y se pasan los días y las noches devanándose literalmente una especie de sesitos que tienen especiales para inventar cuentos. Se abren la tapa de los sesos con una motosierra y se sacan un seso. Lo colocan en una madera, lo parten por la mitad y lo exprimen en un instrumento parecido a lo que nosotros usamos para exprimir naranjas. Ñi, ñi, ñiiiiii, y sale un zumo de cuento concentrado.
Después lo ponen a hervir en peroles hasta que reduce a una masa casi sólida que acaba por secarse al sol.
Luego, unos retrasados mentales que tienen puestos en serie, van haciendo bolitas con la masa que va pasando por una cinta transportadora y las depositan en unos saquitos que más tarde actuarán como placenta en el vientre de una maceta que tapan finalmente muy bien tapadita. Les ponen una etiqueta que dice “made in Verdad” y envían así el cuento en estado latente por correo a los hombres que quieren ser escritores.
Estos hombres reciben el tiesto bastante deteriorado por el viaje y generalmente con la etiqueta borrada por lo que piensan que se lo han inventado ellos mismos. Después de recolectar las hojas de la mata que brota del tiesto y que vienen ya escritas con el cuento, se distribuyen en camionetas hasta nuestras casas.
Si no te das cuenta de que los cuentos que lees provienen siempre de los sesos del mismo enano, puede ser que en realidad estés haciendo pelotillas en una cinta transportadora en Verdad.