ENVITE DE LUTO
Se abre el campo el camisón en la noche y las encinas se amanecen sombrías de plata lunera a esperarme salir al balcón como cada noche sin sueño. Las miro con sofoco y me hacen caras golosas al verme reír de espanto.
Los grillos rasgan sus guitarras negras y cantan el rumor, ri, ri, ri, a ver si bailo de puntillas sobre la baranda finita. Yo les canto y les bailo flamenca, agitando el volante del pijama, que se vuelve puntilla y lunar como ese topo del cielo que campanillea y da palmas amarillas.
Me siento y vuelvo la cabeza a las copas de las encinas. Son tristes ahora que me hacen caras de muertos y de demonios para asustarme. Pero la curiosidad en la noche se hace más grande que el miedo y las miro con un ojo furtivo. Sí, ahí están. Brotan de sus ramas gorjeos de cuervos que me quieren llevar a su nido adhesivo y negro de pez y pluma.
No, les digo, no puedo. Me he de quedar con los vivos. Yo estoy viva, Pero se ríe todo el campo, se burla la tierra y los conejos, se creen que cuento mentiras. No les vale mi canto pues los cuervos, aunque muertos, también gritan.
Dicen que les demuestre, que les explique como respira una viva. Les soplo los pétalos a los romerales y las amapolas dormidas, me bebo el agua del río que se marchita en seguida y llego hasta lo alto del promontorio que es como un escenario dónde el público, hecho de pinos, también silba.
Yo les digo, miradme, y salto al vacío con un traje hecho jirones o volantes de bulerías.
Un epitafio me reza que no estaba loca, que estaba dormida.

1 Comments:
Quiero ponerle música.
Un día, si usted me deja, la amaneceré guitarra en mano, y le devolveré musicadas sus propias palabras. Si usted me deja, un día, o todos y cada uno.
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