lunes, enero 15, 2007

ENVITE DE LUTO

Se abre el campo el camisón en la noche y las encinas se amanecen sombrías de plata lunera a esperarme salir al balcón como cada noche sin sueño. Las miro con sofoco y me hacen caras golosas al verme reír de espanto.

Los grillos rasgan sus guitarras negras y cantan el rumor, ri, ri, ri, a ver si bailo de puntillas sobre la baranda finita. Yo les canto y les bailo flamenca, agitando el volante del pijama, que se vuelve puntilla y lunar como ese topo del cielo que campanillea y da palmas amarillas.

Me siento y vuelvo la cabeza a las copas de las encinas. Son tristes ahora que me hacen caras de muertos y de demonios para asustarme. Pero la curiosidad en la noche se hace más grande que el miedo y las miro con un ojo furtivo. Sí, ahí están. Brotan de sus ramas gorjeos de cuervos que me quieren llevar a su nido adhesivo y negro de pez y pluma.

No, les digo, no puedo. Me he de quedar con los vivos. Yo estoy viva, Pero se ríe todo el campo, se burla la tierra y los conejos, se creen que cuento mentiras. No les vale mi canto pues los cuervos, aunque muertos, también gritan.

Dicen que les demuestre, que les explique como respira una viva. Les soplo los pétalos a los romerales y las amapolas dormidas, me bebo el agua del río que se marchita en seguida y llego hasta lo alto del promontorio que es como un escenario dónde el público, hecho de pinos, también silba.

Yo les digo, miradme, y salto al vacío con un traje hecho jirones o volantes de bulerías.

Un epitafio me reza que no estaba loca, que estaba dormida.

viernes, enero 05, 2007

ONCE CUENTOS

Cuento número uno:

Alguien vino desde muy lejos sin saber que decir.
Se parecía a mí mismo.
Cuando por fin habló, dijo que tenía buenas noticias.
Que tenía un plan para hacernos escapar.

Cuento número dos:

Las culpas se van montadas en esas nubes de ahí arriba
Mira como se las lleva el viento.
Sin saber a dónde ir pero sintiéndose ligeramente a la deriva.

Cuento número tres:

Está pasando otro día mirándome en el espejo.
A veces duele marcharse muy lejos.
Dejar atrás a las gentes, a las gentes de atrás.
Pero es muy fácil imaginárselo.
Imaginarse que te vas.

Cuento número cuatro:

El tiempo pasa y envejecemos.
Ellos dicen que no habrá tiempo para mañanas, que nos vamos a morir.
Pero puede ser que si te quedas muy quieto...
¿Serán inmortales los paralíticos?

Cuento número cinco:

Tengo una flor en el dedo gordo del pie.
Me ha nacido esta mañana al levantarme y no sé qué hacer con ella.
Aunque es invierno llevo sandalias por la calle.
La riego cada mañana en la ducha.
Siento subir su fragancia al caminar.

Cuento número seis.

Él tiene un paraguas antibeso. ¿De dónde lo habrá sacado?
Él quiere escapar a mi amor.
Siempre abre el paraguas cuando me ve aparecer por la calle.
Pero mi amor se dispara y le impacta en el culo.
Es un amor con efecto.

Cuento número siete:

Mi vida siempre pareció ser un porfavor.
La gente se piensa la mayoría de las veces que estoy esperando.
Es verdad, estoy esperando a un gracias que me caiga del cielo.
En vez de eso me caen ladrillos desde las azoteas.
Creo que un día alguno conseguirá escalabrarme.

Cuento número ocho:

Esperando que alguien me lleve a casa, camino por la carretera.
Yo sé que nadie transita con su coche por este camino abandonado.
¡Ay! Que solo me siento.
Me voy a tirar por ese precipicio de ahí.

Cuento número nueve:

Un extraño me ha besado hoy por la calle.
Después se ha marchado muy contento haciendo cabriolas mientras caminaba.
Yo me he quedado muy quieta, paralizada durante unos minutos, pensando.
Después me he tumbado en la acera a ver que pasaba.


Cuento número diez:

Fíjate en ese mendigo tocando su tambor.
La gente le ha tirado muchas monedas.
Seguro que comerá caliente esta noche.
Ya sé que no toca mal su instrumento pero es un mendigo.
Algún día tendrá que vender su tambor para comprarse un bocadillo.

Cuento número once:

Me gusta sentarme en los parques a esperar que ocurra un milagro.
Que el tiempo se detenga y me quede sentado para siempre en este banco, me digo.
Q-u-e e-l t-i-e-m-p-o s-e d-e-t-e-n-g-a
O q-u-e p-a-s-e m-u-y d-e-s-p-a-c-i-o.
¡-M-i-l-a-g-r-o-!
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...
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miércoles, enero 03, 2007

OJO

Como no veíamos nada, nos pusieron dos ojos. Para eso, para ver.
A algunos les tocaron más pero no sabían que hacer con ellos y los vendían a mitad de precio o a cambio de una sandía. Los que no sabían ver con los propios, se compraban muchos, la mayoría defectuosos, pero yo encontré el más perfecto, el más atento de toda la mercancía. Lo envolví en piel de cabra, lo bañé en sales, le besé la pupila.
Una noche, me abandonó sin decirme adiós y se sustituyó por una sandía. No me percaté del cambio y quise ver a través de ella.
No pude, estaba vacía.