CONFESIONES INTEMPESTIVAS
- Uy, disculpe, creo que le he pisado el dedo gordo.
- No pasa nada. Es que hay tanta gente... Bueno, yo me llamo Dolores. -
- Que bonito nombre, a pesar de la lastimosa connotación, me parece un nombre de lo más paradójico encontrándola a usted tan alegre. Usted no lo sabe, pero a mí me pusieron el nombre de un muerto. -
- Que casualidad, a mí también. -
- Explíqueme usted eso. -
- Mi madre murió en el parto, antes de que se decidiera mi nombre. Además es el mismo nombre que le pusieron a una hermana de mi abuela materna que murió a los pocos meses de vida. Mi abuela, en su honor, le puso a su hija su nombre y a mí me pasó lo mismo. Una, vivió solo unos meses, la otra veintiséis años, yo, las he superado a las dos y tengo la sensación de estar viviendo de prestado. En realidad tengo miedo a morirme en cualquier momento, así, súbitamente...
- ¡SIGUIENTE! – Se oye por el megáfono. –
...Como le decía, antes, cuando era niña, no me hacía mucha gracia esto de vivir, un día me levanté en domingo cuando todos dormían y en plena consciencia mañanera me intenté suicidar cortándome las venas con un cuchillo jamonero que como puede ver, no estaba afilado.
Después de imaginar otros métodos pensé que todos eran horribles y muy incómodos, así que preferí seguir viviendo a la expectativa de que la cosa mejorase y porque no quería ser una desquiciada con marcas en las muñecas a quien poder ingresar en un psiquiátrico.
En esos días de mi vida, una lucidez y una tranquilidad psicológica, me deslumbró el alma y me convirtió el corazón en un pedernal inalterable ante todas las cosas desagradables de la vida ya fuera vicisitudes económicas, mal de amores o fracasos profesionales. Me convertí en una superheroína del siglo veintiuno, que más que ser valiente, lo que me pasaba es que todo me importaba un verdadero pito. Cof, cof. Se me ha secado la boca. ¿Y dígame, en qué escalafón psicológico se posiciona su personalidad? -
- Mire, yo nunca he tenido ningún problema. He vivido en una familia amorosa, feliz y económicamente más que acomodada pero sufro de continuas depresiones que no me dejan respirar y me incitan a tirarme por la ventana algunas noches. Mi psicóloga no lo entiende y me receta un montón de pastillas que me impiden el desarrollo normal del raciocinio y el lenguaje. Ahora, durante la consulta, no hablo mucho y ella se dedica a esbozar florecillas en los márgenes de la libreta. Mis padres, tampoco lo entienden pero con ayuda del acomodamiento económico heredado del abuelo, me van a financiar la vida. A partir de ahora me voy a dedicar a no hacer nada que es lo que en realidad quiero. Tanto trabajo me estaba volviendo loco. -
- ¿Tanto trabajaba usted? -
- Sí. De nueve a dos. Era media jornada, pero me quitaba mucho tiempo para pensar. A mi lo que embriaga de verdad, es reflexionar. -
- ¿Y sobre qué piensa? -
- Acerca de lo mal que anda el mundo. -
- ¡SIGUIENTE! -
- Ah. Desde luego es una ardua introspección. ¿Qué perspectiva utiliza para sus razonamientos? -
- La del comunista. Puedo ser apasionado y progre lo que me proporciona una personalidad la mar de interesante y además tengo la oportunidad de criticarlo todo sistemática e inexorablemente. De esta forma, me he vinculado a un reducido pero vehemente círculo de intelectuales con los que mantengo conversaciones irracionales y exacerbadas sobre política, lingüística, teoría de la comunicación, cine erótico y pintura rupestre.
- Aja, que interesante. Se lo debe usted pasar de miedo. -
- Sí. ¿Sabe que me parece usted muy bonita?-
- Pues a mí usted me parece muy atractivo también. Con esa barba…las barbas y los comunistas me pierden. ¿No le gustará por casualidad Paco Ibáñez?-
El barbudo se acerca, le da un beso en la mejilla y le acaricia el pelo mirándola con ojos de cordero degollado.
- Y que bien huele usted. Como a canela y azucenas silvestres. Y que ojos tan apasionantes, cuando su pupila mira, parece que me vaya a atravesar el hígado y me lo fuera a desintegrar con un rayo láser. -
- ¡SIGUIENTE! -
- Por cierto, ¿usted sabe dónde estamos? -
- Ahora que lo dice, ¿esto no es la cola para prematricularse en “Discurso y praxis: el matrimonio de una dicotomía”? -
- A ver, ustedes, déjense de arrumacos y pónganse en la cola de la derecha que es la de los suicidas, ésta es para los muertos de cáncer de pulmón.-
Creo que yo debería estar en ambas colas.
- No pasa nada. Es que hay tanta gente... Bueno, yo me llamo Dolores. -
- Que bonito nombre, a pesar de la lastimosa connotación, me parece un nombre de lo más paradójico encontrándola a usted tan alegre. Usted no lo sabe, pero a mí me pusieron el nombre de un muerto. -
- Que casualidad, a mí también. -
- Explíqueme usted eso. -
- Mi madre murió en el parto, antes de que se decidiera mi nombre. Además es el mismo nombre que le pusieron a una hermana de mi abuela materna que murió a los pocos meses de vida. Mi abuela, en su honor, le puso a su hija su nombre y a mí me pasó lo mismo. Una, vivió solo unos meses, la otra veintiséis años, yo, las he superado a las dos y tengo la sensación de estar viviendo de prestado. En realidad tengo miedo a morirme en cualquier momento, así, súbitamente...
- ¡SIGUIENTE! – Se oye por el megáfono. –
...Como le decía, antes, cuando era niña, no me hacía mucha gracia esto de vivir, un día me levanté en domingo cuando todos dormían y en plena consciencia mañanera me intenté suicidar cortándome las venas con un cuchillo jamonero que como puede ver, no estaba afilado.
Después de imaginar otros métodos pensé que todos eran horribles y muy incómodos, así que preferí seguir viviendo a la expectativa de que la cosa mejorase y porque no quería ser una desquiciada con marcas en las muñecas a quien poder ingresar en un psiquiátrico.
En esos días de mi vida, una lucidez y una tranquilidad psicológica, me deslumbró el alma y me convirtió el corazón en un pedernal inalterable ante todas las cosas desagradables de la vida ya fuera vicisitudes económicas, mal de amores o fracasos profesionales. Me convertí en una superheroína del siglo veintiuno, que más que ser valiente, lo que me pasaba es que todo me importaba un verdadero pito. Cof, cof. Se me ha secado la boca. ¿Y dígame, en qué escalafón psicológico se posiciona su personalidad? -
- Mire, yo nunca he tenido ningún problema. He vivido en una familia amorosa, feliz y económicamente más que acomodada pero sufro de continuas depresiones que no me dejan respirar y me incitan a tirarme por la ventana algunas noches. Mi psicóloga no lo entiende y me receta un montón de pastillas que me impiden el desarrollo normal del raciocinio y el lenguaje. Ahora, durante la consulta, no hablo mucho y ella se dedica a esbozar florecillas en los márgenes de la libreta. Mis padres, tampoco lo entienden pero con ayuda del acomodamiento económico heredado del abuelo, me van a financiar la vida. A partir de ahora me voy a dedicar a no hacer nada que es lo que en realidad quiero. Tanto trabajo me estaba volviendo loco. -
- ¿Tanto trabajaba usted? -
- Sí. De nueve a dos. Era media jornada, pero me quitaba mucho tiempo para pensar. A mi lo que embriaga de verdad, es reflexionar. -
- ¿Y sobre qué piensa? -
- Acerca de lo mal que anda el mundo. -
- ¡SIGUIENTE! -
- Ah. Desde luego es una ardua introspección. ¿Qué perspectiva utiliza para sus razonamientos? -
- La del comunista. Puedo ser apasionado y progre lo que me proporciona una personalidad la mar de interesante y además tengo la oportunidad de criticarlo todo sistemática e inexorablemente. De esta forma, me he vinculado a un reducido pero vehemente círculo de intelectuales con los que mantengo conversaciones irracionales y exacerbadas sobre política, lingüística, teoría de la comunicación, cine erótico y pintura rupestre.
- Aja, que interesante. Se lo debe usted pasar de miedo. -
- Sí. ¿Sabe que me parece usted muy bonita?-
- Pues a mí usted me parece muy atractivo también. Con esa barba…las barbas y los comunistas me pierden. ¿No le gustará por casualidad Paco Ibáñez?-
El barbudo se acerca, le da un beso en la mejilla y le acaricia el pelo mirándola con ojos de cordero degollado.
- Y que bien huele usted. Como a canela y azucenas silvestres. Y que ojos tan apasionantes, cuando su pupila mira, parece que me vaya a atravesar el hígado y me lo fuera a desintegrar con un rayo láser. -
- ¡SIGUIENTE! -
- Por cierto, ¿usted sabe dónde estamos? -
- Ahora que lo dice, ¿esto no es la cola para prematricularse en “Discurso y praxis: el matrimonio de una dicotomía”? -
- A ver, ustedes, déjense de arrumacos y pónganse en la cola de la derecha que es la de los suicidas, ésta es para los muertos de cáncer de pulmón.-
Creo que yo debería estar en ambas colas.

1 Comments:
sabia decision la de dolores....
le diremos a don miguel angel q en las proximas fiestas populares del pueblos lea en voz alta la creatividad de la autora...
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