lunes, julio 02, 2007

LA FUENTE CALVA, A VECES BROTA.

Nunca aspiré a poner en el plato del invitado regurcitaciones de cosecha propia. Tampoco pinté flechas en los árboles que hicieran un camino porque los bosques sirven para perderse.
No fingiré inocencia en la situación de la coma ni en la intención imprimida en este carricoche de palabras.
No pretendí seguir ningún mapa ni marcar el paso, yo duermo donde me viene el sueño.

Sin ir más lejos, me paré durante un momento a observar la quietud de una piedra. Dada su felicidad, me tendí a su lado para piedrear durante unos meses. Sin ir más lejos.

No admitir que se acumuló caspa en las cejas, sería inútil. La mirada hoy sólo se dirige hacia abajo y no ve otra cosa que la nevada sobre los zapatos y sobre amapolas adormecidas.
No encontré el camino de vuelta porque los rubíes los revendí a un granjero a cambio de un par de huevos muy buscados dada la aridez del paraje. Así que, reconsiderando la penosa circunstancia decidí buscar otra vez algo de compañía y descubrí (tarde) algo maravilloso.
Tarde, pero que dicha, ¡que dicha!

Juzguen el estilo calvo del siguiente párrafo.
No, mejor, ya lo juzgo yo por ustedes porque no se enterarán de nada: hoy solo he pasado por aquí para gritar, ¡COÑO!
(expresión harto entendible a la par que elegante)

Un perro corre en dirección opuesta,
demasiado rápido para su tamaño.
No es recomendable la velocidad del rayo.
Puede hacer que las piernecitas del perro se resquebrajen y
se partan en dos.
Que su pelaje se pierda y se reparta.
Que sus ojos salgan disparados y reboten,
viajando a cientos de extraños lugares........
¡¡¡¡¡Qué perro tan afortunado!!!!!

Maravilloso.

miércoles, junio 27, 2007

LUDICRA PUERORUM OCCULTATIO

Al que juegan los muchachos, haciendo uno de ellos el dormido, hasta que los demás se esconden.Uno imitando al gallo dice, quiquiriqui, entonces despierta y va a buscarlos.Al primero que coge y encuentra, le lleva a su lugar.

Un, dos, tres:


Giro de talones y todo está en silencio. Ni un alma respira por debajo de las sillas ni una risa se descuelga por las encías.

Pero están ahí, todos lo sabemos. Estan ahí, están ahí...Están!

Decisión de uno es la de encontrarlas o dejarlas pacer bajo la cama para que engorden cual gorrino bajo la encina.
Decisión de uno es la de volverse hacia una ventana y mirar distrídamente un paisaje idílico hecho de bocas calladas y de galletas en la cocina.
Descisión de uno es la de boquear como un pez al intentar destaparlas. La visión, créanme es terrorífica pues están cubiertas de viscosa hiel y no tienen huesos que las sustenten durante mucho tiempo.

Ayer dejé de estropearme las uñas de tanto rascar las cortezas de los troncos de los alcornoques y no sólo permití que se escondieran, también me escondí con ellas.Aprendí sus costumbres, comí lo mismo que ellas, fuí nómada en tropel y en patrulla y escondí los dientes y la podredumbre como un solitario onanista.Me convine con ellas y pacté con sangre que yo también, sería una Mentira.

Después quise salir de nuevo a contar en alto y volver a buscar y a cazar de vez en cuando a alguna mal escondida, pero en mi carcaj ya no quedaban flechas, ni confianza, ni ganas de jugar. Ni siquiera al corro de la patata.
Ni siquiera.

miércoles, febrero 28, 2007

NÚMERO MORIBUNDA

"¿Sabe callar la palabra cuando ya no se encuentra con el momento que la necesita ni con el lugar que la quiere?. Y la boca, ¿sabe morir?".

E.G. Ventana sobre la palabra (VIII), p.262.


Una pulsión quejumbrosa
Y rígida se apodera de la mañana,
De las nubes.

¿Son las nubes de la lengua?
¿Son nubes en la razón?

Respiramos profundamente
Intentamos sacudirnos el miedo adherido.

¿Hacia dónde se dirigen nuestros pasos atentos, baldíos?
Son niños dormidos los pasos.

Los pies fuman sobre el círculo impertérrito, infinito.
Mientras, las esperanzas se marchan en taxi,
A velocidad luz.

Quedamos huérfanos de gemelo,
Envejeciendo con los pies aglutinados bajo la tierra,
No somos viajeros relativos.

Muere la boca,

Muere el pez.

domingo, febrero 04, 2007

LOS CUENTOS SON DE VERDAD

Las historias y sus respectivos personajes viven en Verdad.

En Verdad, trabajan muy duro para que nosotros tengamos nuestros cuentos como recién hechos.

En Verdad, nunca duermen y se pasan los días y las noches devanándose literalmente una especie de sesitos que tienen especiales para inventar cuentos. Se abren la tapa de los sesos con una motosierra y se sacan un seso. Lo colocan en una madera, lo parten por la mitad y lo exprimen en un instrumento parecido a lo que nosotros usamos para exprimir naranjas. Ñi, ñi, ñiiiiii, y sale un zumo de cuento concentrado.

Después lo ponen a hervir en peroles hasta que reduce a una masa casi sólida que acaba por secarse al sol.

Luego, unos retrasados mentales que tienen puestos en serie, van haciendo bolitas con la masa que va pasando por una cinta transportadora y las depositan en unos saquitos que más tarde actuarán como placenta en el vientre de una maceta que tapan finalmente muy bien tapadita. Les ponen una etiqueta que dice “made in Verdad” y envían así el cuento en estado latente por correo a los hombres que quieren ser escritores.

Estos hombres reciben el tiesto bastante deteriorado por el viaje y generalmente con la etiqueta borrada por lo que piensan que se lo han inventado ellos mismos. Después de recolectar las hojas de la mata que brota del tiesto y que vienen ya escritas con el cuento, se distribuyen en camionetas hasta nuestras casas.

Si no te das cuenta de que los cuentos que lees provienen siempre de los sesos del mismo enano, puede ser que en realidad estés haciendo pelotillas en una cinta transportadora en Verdad.

lunes, enero 15, 2007

ENVITE DE LUTO

Se abre el campo el camisón en la noche y las encinas se amanecen sombrías de plata lunera a esperarme salir al balcón como cada noche sin sueño. Las miro con sofoco y me hacen caras golosas al verme reír de espanto.

Los grillos rasgan sus guitarras negras y cantan el rumor, ri, ri, ri, a ver si bailo de puntillas sobre la baranda finita. Yo les canto y les bailo flamenca, agitando el volante del pijama, que se vuelve puntilla y lunar como ese topo del cielo que campanillea y da palmas amarillas.

Me siento y vuelvo la cabeza a las copas de las encinas. Son tristes ahora que me hacen caras de muertos y de demonios para asustarme. Pero la curiosidad en la noche se hace más grande que el miedo y las miro con un ojo furtivo. Sí, ahí están. Brotan de sus ramas gorjeos de cuervos que me quieren llevar a su nido adhesivo y negro de pez y pluma.

No, les digo, no puedo. Me he de quedar con los vivos. Yo estoy viva, Pero se ríe todo el campo, se burla la tierra y los conejos, se creen que cuento mentiras. No les vale mi canto pues los cuervos, aunque muertos, también gritan.

Dicen que les demuestre, que les explique como respira una viva. Les soplo los pétalos a los romerales y las amapolas dormidas, me bebo el agua del río que se marchita en seguida y llego hasta lo alto del promontorio que es como un escenario dónde el público, hecho de pinos, también silba.

Yo les digo, miradme, y salto al vacío con un traje hecho jirones o volantes de bulerías.

Un epitafio me reza que no estaba loca, que estaba dormida.

viernes, enero 05, 2007

ONCE CUENTOS

Cuento número uno:

Alguien vino desde muy lejos sin saber que decir.
Se parecía a mí mismo.
Cuando por fin habló, dijo que tenía buenas noticias.
Que tenía un plan para hacernos escapar.

Cuento número dos:

Las culpas se van montadas en esas nubes de ahí arriba
Mira como se las lleva el viento.
Sin saber a dónde ir pero sintiéndose ligeramente a la deriva.

Cuento número tres:

Está pasando otro día mirándome en el espejo.
A veces duele marcharse muy lejos.
Dejar atrás a las gentes, a las gentes de atrás.
Pero es muy fácil imaginárselo.
Imaginarse que te vas.

Cuento número cuatro:

El tiempo pasa y envejecemos.
Ellos dicen que no habrá tiempo para mañanas, que nos vamos a morir.
Pero puede ser que si te quedas muy quieto...
¿Serán inmortales los paralíticos?

Cuento número cinco:

Tengo una flor en el dedo gordo del pie.
Me ha nacido esta mañana al levantarme y no sé qué hacer con ella.
Aunque es invierno llevo sandalias por la calle.
La riego cada mañana en la ducha.
Siento subir su fragancia al caminar.

Cuento número seis.

Él tiene un paraguas antibeso. ¿De dónde lo habrá sacado?
Él quiere escapar a mi amor.
Siempre abre el paraguas cuando me ve aparecer por la calle.
Pero mi amor se dispara y le impacta en el culo.
Es un amor con efecto.

Cuento número siete:

Mi vida siempre pareció ser un porfavor.
La gente se piensa la mayoría de las veces que estoy esperando.
Es verdad, estoy esperando a un gracias que me caiga del cielo.
En vez de eso me caen ladrillos desde las azoteas.
Creo que un día alguno conseguirá escalabrarme.

Cuento número ocho:

Esperando que alguien me lleve a casa, camino por la carretera.
Yo sé que nadie transita con su coche por este camino abandonado.
¡Ay! Que solo me siento.
Me voy a tirar por ese precipicio de ahí.

Cuento número nueve:

Un extraño me ha besado hoy por la calle.
Después se ha marchado muy contento haciendo cabriolas mientras caminaba.
Yo me he quedado muy quieta, paralizada durante unos minutos, pensando.
Después me he tumbado en la acera a ver que pasaba.


Cuento número diez:

Fíjate en ese mendigo tocando su tambor.
La gente le ha tirado muchas monedas.
Seguro que comerá caliente esta noche.
Ya sé que no toca mal su instrumento pero es un mendigo.
Algún día tendrá que vender su tambor para comprarse un bocadillo.

Cuento número once:

Me gusta sentarme en los parques a esperar que ocurra un milagro.
Que el tiempo se detenga y me quede sentado para siempre en este banco, me digo.
Q-u-e e-l t-i-e-m-p-o s-e d-e-t-e-n-g-a
O q-u-e p-a-s-e m-u-y d-e-s-p-a-c-i-o.
¡-M-i-l-a-g-r-o-!
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...
.

miércoles, enero 03, 2007

OJO

Como no veíamos nada, nos pusieron dos ojos. Para eso, para ver.
A algunos les tocaron más pero no sabían que hacer con ellos y los vendían a mitad de precio o a cambio de una sandía. Los que no sabían ver con los propios, se compraban muchos, la mayoría defectuosos, pero yo encontré el más perfecto, el más atento de toda la mercancía. Lo envolví en piel de cabra, lo bañé en sales, le besé la pupila.
Una noche, me abandonó sin decirme adiós y se sustituyó por una sandía. No me percaté del cambio y quise ver a través de ella.
No pude, estaba vacía.