LA FUENTE CALVA, A VECES BROTA.
No fingiré inocencia en la situación de la coma ni en la intención imprimida en este carricoche de palabras.
No pretendí seguir ningún mapa ni marcar el paso, yo duermo donde me viene el sueño.
Sin ir más lejos, me paré durante un momento a observar la quietud de una piedra. Dada su felicidad, me tendí a su lado para piedrear durante unos meses. Sin ir más lejos.
No admitir que se acumuló caspa en las cejas, sería inútil. La mirada hoy sólo se dirige hacia abajo y no ve otra cosa que la nevada sobre los zapatos y sobre amapolas adormecidas.
No encontré el camino de vuelta porque los rubíes los revendí a un granjero a cambio de un par de huevos muy buscados dada la aridez del paraje. Así que, reconsiderando la penosa circunstancia decidí buscar otra vez algo de compañía y descubrí (tarde) algo maravilloso.
Tarde, pero que dicha, ¡que dicha!
Juzguen el estilo calvo del siguiente párrafo.
No, mejor, ya lo juzgo yo por ustedes porque no se enterarán de nada: hoy solo he pasado por aquí para gritar, ¡COÑO!
(expresión harto entendible a la par que elegante)
Un perro corre en dirección opuesta,
demasiado rápido para su tamaño.
No es recomendable la velocidad del rayo.
Puede hacer que las piernecitas del perro se resquebrajen y
se partan en dos.
Que su pelaje se pierda y se reparta.
Que sus ojos salgan disparados y reboten,
viajando a cientos de extraños lugares........
¡¡¡¡¡Qué perro tan afortunado!!!!!
Maravilloso.
